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¿Qué secretos esconde el ajiaco santafereño para ser tan especial en Bogotá?

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El ajiaco santafereño es, para muchos habitantes y visitantes de Bogotá, una especie de plato símbolo: reconfortante en el clima andino, simple en apariencia pero complejo en sabor. Su singularidad se construye en torno a una combinación precisa de ingredientes autóctonos, técnicas de cocción heredadas y un fuerte arraigo social y cultural en la sabana de Bogotá.

Ingredientes que definen su identidad

  • Las tres variedades de papa: papas criollas de tono amarillo, papas pastusas y papas sabaneras o pastusas de mayor tamaño, cada una aportando una textura y densidad particular al caldo.
  • Pollo con hueso: por lo general se cocina entero o en trozos amplios para intensificar el sabor del caldo.
  • Mazorca (elote): brinda un matiz dulce y contribuye a la consistencia del plato.
  • Guascas (Galinsoga parviflora): hierba aromática esencial cuyo perfume caracteriza al ajiaco santafereño.
  • Condimentos y acompañamientos: crema de leche, alcaparras, aguacate y arroz blanco, que suelen servirse como guarniciones habituales.

Técnica y razones culinarias de su sabor

  • Orden de cocción: las papas se añaden en momentos distintos según su dureza; las pastusas tardan más que las criollas. Ese control produce la textura característica: algunas papas se deshacen y espesan el caldo, otras mantienen su forma.
  • Caldos y fondo: el uso de pollo con hueso y la cocción lenta favorecen un caldo profundo, que se complementa con la mazorca y las guascas.
  • Guascas frescas vs. secas: las frescas aportan un aroma más vivo; las secas son una opción cuando no hay temporada, pero el perfil aromático cambia.
  • Finalización: se rectifica con sal y se sirve con los acompañamientos que permiten modular acidez (alcaparras), cremosidad (crema) y frescura (aguacate).

Trayectoria gastronómica: sus raíces y transformación a lo largo del tiempo

  • Raíces indígenas: antes de la llegada de los europeos, en la región andina se consumían maíz, tubérculos y hierbas silvestres; la papa ya era un cultivo fundamental en los Andes.
  • Influencia hispana: la incorporación del pollo y de los productos lácteos convirtió antiguos caldos en preparaciones más abundantes en proteínas y grasas.
  • Consolidación en la sabana: entre los siglos XVIII y XIX el ajiaco terminó afianzándose como comida urbana de Santa Fe de Bogotá, ajustándose a la disponibilidad local de papas y hierbas.
  • Siglo XX y patrimonialización: restaurantes y fondas tradicionales de Bogotá (en barrios como La Candelaria) ayudaron a definir la receta más difundida: tres clases de papa, guascas, pollo, mazorca y condimentos de mesa.

Dimensiones sociales, económicas y culturales

  • Clima y consumo: el clima frío de Bogotá convierte al ajiaco en una comida cálida y buscada durante temporadas heladas, encuentros familiares y planes turísticos.
  • Economía local: la cosecha de papa en zonas cercanas como Cundinamarca y Boyacá surte a los mercados capitalinos; el precio del plato varía según la oferta estacional de sus distintas variedades.
  • Identidad y festividad: el ajiaco actúa como un símbolo de la tradición bogotana, se disfruta en celebraciones de la ciudad y atrae a quienes exploran su gastronomía.

Variaciones y diferencias regionales

  • Ajiaco santafereño vs. otras versiones: el ajiaco de Bogotá se distingue por el uso específico de las tres papas y la guasca; otras regiones del país tienen guisos llamados ajiaco con preparaciones y sabores distintos (por ejemplo, versiones con más lácteos, quesos o incluso con vegetales y cilantro).
  • Adaptaciones modernas: restaurantes contemporáneos han propuesto presentaciones desestructuradas, reducción del caldo o versiones vegetarianas (sustituyendo el pollo por hongos o legumbres), aunque la versión tradicional sigue siendo la más valorada por su autenticidad.

Información útil y casos ilustrativos en Bogotá

  • Tiempo de cocción aproximado: la preparación completa suele extenderse entre 60 y 120 minutos, dependiendo del tamaño del pollo y de cuán frescas estén las papas.
  • Valor nutricional aproximado por porción: entre 450 y 650 kcal, cifra que varía según la cantidad de crema y aguacate utilizados; aporta una combinación destacada de carbohidratos provenientes de las papas, proteína magra del pollo y grasas aportadas por la crema y el aguacate.
  • Lugares emblemáticos: en las fondas y restaurantes tradicionales de La Candelaria y las áreas del centro se han preservado recetas familiares que continúan convocando a habitantes y visitantes; estos espacios representan ejemplos de cómo un solo plato puede influir en la identidad culinaria de una ciudad.

Consejos para reconocer y preparar un ajiaco auténtico

  • Dar prioridad a tres variedades de papa y atender sus tiempos de cocción para obtener la textura tradicional.
  • Elegir pollo con hueso para intensificar el caldo; mantener una cocción pausada a fuego medio ayuda a preservar los sabores.
  • No prescindir de las guascas, ya que su fragancia resulta difícil de igualar con otras hierbas; si no se consiguen frescas, optar por guascas secas de calidad confiable.
  • Acompañar con crema, alcaparras, aguacate y arroz blanco para disfrutar la preparación en toda su amplitud.

Para quienes desean entender por qué el ajiaco santafereño se mantiene como un emblema de Bogotá, resulta útil observar tanto su arquitectura culinaria —la audacia de reunir papas con distintas consistencias y la guasca como sello inconfundible— como su función social: un plato propio del clima frío, presente en encuentros y vínculo entre la herencia campesina y el ritmo urbano. Esa fusión de técnica, insumos locales y memoria compartida aclara por qué, más que un simple guiso, el ajiaco encarna un relato comestible de la sabana y de quienes la habitan.

Por Caio Almeida Costa

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